En el momento de rogarle a dios o encomendarme al diablo, termino un trabajo que me quitó la oportunidad de estudiar en el recreo.
Rezar en este momento es hipócrita, luego de haber bromeado acerca de mi simpatía con el rey del infierno y además porque estoy hablando conmigo.
La proximidad del profe a su mesa y la indicación de ordenar la sala, hacen que se acerque mi final. Entre cuadro y cuadro las pruebas llegan a mi puesto, paso una hacia atrás.
"Año en que incorporó Chiloé al territorio nacional..." Mil novecientos, ochocientos, ¿Cuarenta? No es tan grave mi situación, me doy cuenta al ver las caras de asombro de mis compañeros al leer el ítem uno de la prueba.
Una hora después, aún quedan personas escribiendo, estoy entre ellas. Por suerte que el compañero del banco que me sigue terminó, aunque insiste en poner el libro muy lejos de mi vista.
Terminada, entregada, me doy a mi suerte y a mis conocimientos. La verdad es que nunca he esperado que la suerte me de buenos resultados, porque siempre que los profes se equivocaron en corregir, no me favorecía. Igual, me deja una valiosa enseñanza, a la que deberían poner atención, nunca esperen que la suerte les ayude, porque lo más probable es que al tipo que le copiaron sabe menos que ustedes mismos.
Se levanta el silencio y se acercan un par de personas a corroborar respuestas, a mi en lo personal no me gusta hacer eso, si me equivoqué no quiero preocuparme antes de tiempo. La uno “B”, la trece “Ninguna de las anteriores”, pero cual habrá sido la trece…
Me asombra la capacidad de copiar de algunos, por más que me han dado ganas o he necesitado recurrir al papel prohibido, nunca logré mi cometido. Soy la peor persona copiando, las dos veces que hice un torpedo en mi vida, jamás lo saqué de mi bolsillo. Cuando escribí formulas en la mesa, me perseguí tanto que las borré antes de la prueba por miedo a que alguien las vea, idiota importante.
¿Perdedora? No, definitivamente no (o solo un poco), tampoco va por no mentir o alguna estupidez que en algún momento me hicieron saber en un colegio católico. Cautela, cuidado, resignación, puede ser, prefiero un cuatro a que me quiten la prueba, pero por sobre todo, orgullo, si me va bien o mal, lo hice yo, podré aprender lo que faltó (o aprender la materia derechamente).
Ahora me encuentro en los días de espera, pocas veces tuve tantas ganas de que entregaran una prueba. El nerviosismo es más grande que antes, a estas alturas del año hay mucho que perder. Lo único que quiero es una buena nota, creo que este momento también es perfecto para rogarle a algún ser superior, pero como dije, no creo en ese tipo de suerte, pero estudiando mi situación, un error maquinario o un terremoto (dios me libre, porque eso sí es como para pedírselo) podría hacer que la prueba maldita quede bajo los escombros y la anules por el daño psicológico que quedó en los alumnos, aunque, habría que venir a clases en el verano, mejor me quedo con lo que tengo o espero el error maquinario, pero eso sí, yo no vuelvo a dar la prueba.
Hora de salida y fin del tiempo para estar sumergida en mi fabuloso mundo interior. Más rato todos estos pensamientos se van a esfumar y darán paso a mis preocupaciones por tareas no hechas o libros no leídos. Y bueno, bienvenidos sean, solo espero que no me pase lo mismo en la próxima prueba.
TAN TÁN (:
PS.: al final me fue re bien en la prueba (:
sábado, 24 de noviembre de 2007
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